Posterous theme by Cory Watilo

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Hace casi un año en Phnom Penh

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Estación de autobuses, esperando a que nos movamos. Fuera veo a una niña pequeña llevando a una niña aún más pequeña. Quizás de 4 y 1 años. Hombres esperando para meter sus bicis en la bodega del autobús. Niña probablemente vestida con su mejor ropa. Desde que vi el documental cada vez que veo a una persona mayor que yo siento respeto y me pregunto qué habrá sufrido.


Aquí primero se suben los pasajeros y a continuación se reposta en la gasolinera. El conductor se pone su cinturón, el único que puede hacerlo. Veo una chica con cara seria que mira desde fuera. Hace un momento estaba sentada aquí dentro. Me pregunto si hay pasajeros que solo van si no hay otros que paguen más. 

En Phnom Penh hay semáforos y se suelen respetar. 

El bus se detiene un segundo, se sube una chica. Como no quedan asientos libres el ayudante saca de la bodega un taburete de plástico para ella.

Caliente por dentro

En un callejón estrecho a la hora de la siesta. A esta hora la gente del sudeste Asiático duerme en hamacas, en su moto, en el suelo de su casa que lo es de su negocio, con las puertas abiertas. Niños, padres y abuelos.
Una señora me ve deambular, se levanta y me ofrece comida. Me siento en un pequeño taburete delante de la pequeña mesa. Me sirve un plato por 20.000 VND. Al otro lado del callejón, a una distancia que casi podría tocar con mi mano, una habitación donde se lleva a cabo una ceremonia. En el centro un hombre en posición de meditación que se agita como una estátua. Unas 60 velas encendidas tras él. A la izquierda una joven. Arriba flores, Buda y luces de colores parpadeando.
La mujer de la derecha recita pasajes de un gran libro empleando tonos hipnóticos que suben y bajan, marcando un ritmo con algo de madera y con algo de metal.
Un ventilador a cada lado refresca la situación. Los gatos esperan tumbados en el suelo. Primero uno y luego otro pretenden jugar con la camisa de la mujer que los ignora. Desisten.
El gato más delgado comienza a comportarse de manera extraña. Camina a cámara lenta, retuerce el cuello, gime, se flexiona de modos atípicos. El otro observa y sospecha. Sin desplazarse aleja su cabeza por precaución, como si supiera que su compañero está poseido.
Una cucharada más de noodles con vegetales y rollos fritos llega a mi boca en cuchara. Un gato que salta hacia atrás emitiendo un fuerte alarido tipo Alien-con-la-boca-abierta. Adrenalina que se mezcla con un virus dentro de mi cuerpo a 39°C.

Niños

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El niño arrastra una rama con hojas dentro del taller. Debe tener unos dos años y viste una camiseta que le llega a las rodillas. Dentro del taller está su vecina y compañera de juegos, algo mayor que él. El taller parece no tener puerta ni verja porque está plegada a un lado. Es un pequeño hangar con viejas furgonetas en reparación. De vez en cuando encienden una provocando una gran nube de humo blanco. Los que pasan en moto o bici se cubren la boca.
El niño vive en el pequeño negocio de al lado, cubierto por un árbol. Allí venden refrescos, jabónes y champús.
Los dos niños a veces corren, juntos o separados, a buscar algo con lo que jugar. Andan de manera divertida, dando saltos, moviendo los brazos de manera absurda. Hay tantas cosas que los adultos aprendemos a no hacer...